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La Mujer Enferma de Flujo de Sangre

Updated: Jul 11, 2022

Palabra del Día: Flujo

Acción y efecto de fluir.


Esta mujer había estado sufriendo durante doce años con una hemorragia crónica. Había gastado todo su dinero en médicos, mas no se curaba y seguía empeorando. Cuando escuchó que Jesús estaba en la ciudad, decidió unirse a la multitud; y tocó el borde de Su manto, creía que se curaría al tocar Su manto.

Mateo 9:20

Y he aquí una mujer enferma de flujo de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto;


Marcos 5:25–28

25 Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre,

26 y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor,

27 cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto.

28 Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva.


Tan pronto como ella tocó su manto, su aflicción ya no estaba allí. La Biblia nos dice que su fuente de sangre se secó. Su fe era tan grande que ella solamente pensó "si solo pudiera tocar Su manto, me curaré". La gran multitud le hizo imposible llegar a Jesús debido a su problema de ser inmundo. Además, pensaba no ser digna de tener una audiencia con el "Gran Rey".


Marcos 5:29

Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote.


Jesús supo de inmediato que alguien había tocado Su manto de una manera especial, y fue entonces cuando dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos? porque poder había salido de él, pero no se había agotado. La mujer pensó que Jesús no se había dado cuenta de su presencia, pero Él ya lo sabía; y Él solamente quería que ella viniera al frente. Los discípulos, tan incrédulos, pensaron "¿de qué está hablando?", Había una gran multitud allí, así que podría haber sido cualquiera. Aunque había una gran multitud allí, Él sabía quién había estado sufriendo durante muchos años. Jesús no se iba a ir. Él no nos cura en secreto, lo que significa que también quería tener una relación con ella.


Marcos 5:30

Luego Jesús, conociendo en sí mismo el poder que había salido de él, volviéndose a la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos?


Marcos 5:31–32

Sus discípulos le dijeron: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado?

32 Pero él miraba alrededor para ver quién había hecho esto.

En el Libro de Levítico, capítulo 15, encontramos una gran lista de requisitos para una persona que tenía un flujo de sangre. Esta mujer tuvo que ser separada, porque aún vivía en su casa. No se vio obligada a vivir en el desierto debido a su enfermedad, pero se la consideraba una persona inmunda.

Levítico 15:25–33

Y la mujer, cuando siguiere el flujo de su sangre por muchos días fuera del tiempo de su costumbre, o cuando tuviere flujo de sangre más de su costumbre, todo el tiempo de su flujo será inmunda como en los días de su costumbre.

26 Toda cama en que durmiere todo el tiempo de su flujo, le será como la cama de su costumbre; y todo mueble sobre que se sentare, será inmundo, como la impureza de su costumbre.

27 Cualquiera que tocare esas cosas será inmundo; y lavará sus vestidos, y a sí mismo se lavará con agua, y será inmundo hasta la noche.

28 Y cuando fuere libre de su flujo, contará siete días, y después será limpia.

29 Y el octavo día tomará consigo dos tórtolas o dos palominos, y los traerá al sacerdote, a la puerta del tabernáculo de reunión;

30 y el sacerdote hará del uno ofrenda por el pecado, y del otro holocausto; y la purificará el sacerdote delante de Jehová del flujo de su impureza.

31 Así apartaréis de sus impurezas a los hijos de Israel, a fin

La mujer vino hacia Jesús, se postró ante Él y confesó que fue ella quien tocó su manto. Debemos recordar que esta fue una confesión pública qué y también había una multitud de gente allí. Ella debe haber estado orando en su camino para encontrarse con Él, y Él la reconoció en público. Jesús no solo la sanó, sino que también le restauró su vida. Ahora podía regresar a la ciudad y vivir una vida normal. Ella fue curada al tocar Su manto, pero al confesar lo que había hecho, el Señor le dio la salvación y, debido a esa acción, la llamó Hija.

Marcos 5:33–34

Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad.

34 Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote.

Mateo 6:6

…y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.


Conclusión: Un toque de fe nunca podría ocultársele al Señor, en medio de nuestras cargas físicas, siempre debemos recordar que Jesús es el mejor Médico de médicos. ¡Donde el hombre falla, Cristo puede! Jesús no solo murió para sanar nuestros cuerpos sino que también nos aseguró un lugar en el cielo.




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